Tiene la vida por costumbre dar patadas a traición. Esto es bueno de observar antes de que perdamos el tiempo con el culo en pompas, absortos en la observación de cualquier pequeñez.
Sea como fuere, es difícil no salir de tanto en cuanto disparado hacia el cielo tras un embiste del destino y observar desde lo alto como se desdibuja no sólo aquello que observábamos con nitidez, sino los árboles que lo rodeaban, el bosque, las Naciones, los Países y la madre que los parió.
La madre que los parió a ellos, porque justo en esos momentos la madre que nos parió a nosotros se echa mucho de menos y si hay cobertura vienen unas ganas terribles de llamarla, aunque sea para preguntarle una receta que ya te sabes de memoria.
Lo bueno del salto parabólico por coz vital en el trasero es que respeta las leyes físicas. En el punto más alto, cuando más hemos desdibujado nuestro origen terrestre perdemos totalmente la velocidad de subida para mantenernos un momento en el aire, ingrávidos. Es sólo un momento, pero suficiente para que lleguemos a un Nirvana en el que la tierra no nos atrae, pero tampoco la coz recibida nos sigue empujando al infinito. Un momento después ya estamos deseando caer de nuevo y volver a pisar el suelo y cuando buscamos las razones para volver hacemos un viaje inverso, desde los Países de la Salud a las Naciones del amor, los bosques de los objetivos personales, los árboles de las responsabilidades y las nimiedades de las posesiones. Y esto es el fin, porque la hostia contra el suelo no nos la perdona nadie. Bien merecida está, como decía Segismundo: (..) aunque si nací ya entiendo que delito he cometido: bastante causa ha tenido vuestra justicia y razón, pues el delito mayor del hombre es haber nacido.
Para ser honesto, esto no se me ha ocurrido a mí, que soy de poco pensar, lo he extraído de un trozo inventado de un manuscrito apócrifo y a poco grifo (de cerveza, of course) que se atribuye a uno de los Santos Rubianes o Labordeta:
“Siendo aquel día caluroso y tras la explicación del Mesías sobre la necesidad de no especular, un político de cualquier partido se levantó y dijo: ¿es eso una parábola, maestro?. A lo que Él respondió: una parábola es la que tu vas a hacer de la patada en los cojones que te pegue” y no me toques más los huevos que hoy como paella en casa de mi madre.”
Amén.
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2 comentarios:
M'encanta aquesta forma de treure la mala "hòstia" que tens...digo yo que això serà "mala hòstia" que et donin una patada al cul...encara que venint de vostè, senyor Collado, ves a saber! Molt ben escrit!! Te'ns un estil propi. Chapeau!!
Sònia Perelló
Gràcies Sònia, me llena de orgullo y satisfacción tu comentario. ¿¡Ves lo que has conseguido!?, ya hablo como un gilipollas.
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