Huelga General 29S.
Para mí, los problemas se agrupan en dos tipos fundamentales: los que tienen solución y los que no la tienen. Sólo después de categorizar un problema como resoluble me preocupo de afrontarlo.
Creo que podemos estar todos de acuerdo que el principal problema económico en España es un paro sobre el 20% de la población activa y un marco laboral indeseable en varios grupos de trabajadores (contratos en prácticas/becarios, contratos temporales, autónomos y trabajos sin contrato – economía sumergida-). Esta situación conduce irremediablemente a poner en riesgo el actual nivel de gasto público y por tanto no garantiza los actuales niveles de protección social, por otra parte lejos de ser una panacea.
Cualquier movimiento por parte del ejecutivo, del legislativo, de los empresarios, los sindicatos o las organizaciones sociales para resolver cualquiera de los dos problemas arriba expuestos tendría mi apoyo.
El gobierno, la oposición y los empresarios parecen estar de acuerdo que una de las causas del 20% de paro es la rigidez del mercado laboral y por tanto ha legislado para facilitar el despido (abaratarlo). El gobierno, la oposición y los empresarios parecen no darse cuenta que esto es sólo una parte del problema y no han afrontado una reforma del marco laboral en España valiente, sin rémoras del pasado y evitando las diferencias entre trabajadores que se dan actualmente. Es increíble que en grandes multinacionales se haya prejubilado a miles de personas con cargo a las cuentas públicas para dar pasos a legiones de jóvenes con contratos precarios y que ahora se ven en la calle con la excusa de la crisis. Véase cualquier empresa de automoción, o los antiguos monopolios públicos. Tampoco se han preocupado de evitar la saturación en los juzgados laborales con una ley clara. Dejan margen a la arbitrariedad, desamparando como siempre al débil frente a una justicia cada vez más opaca y siguiendo esa máxima de a rio revuelto, ganancia de pescadores. No hay ni que decir que la actual reforma no soluciona en nada la situación los contratos precarios ni de los autónomos. Por otra parte, tampoco parecen interesados en evitar el trabajo sin contrato, puesto que facilitan el blanqueo de capitales (reconociendo a países con secreto bancario activo, no dando acceso a los registros públicos de vivienda, reconociendo un precio de catastro divergente del precio de registro, desgravando las SICAV). Igualmente, no se ha exigido responsabilidad a los bancos en los excesos de la crisis y no se solucionan los problemas de financiación de las empresas: ¿es normal que el gobierno garantice 100.000 euros por titular y cuenta en los depósitos y no garantice una línea de crédito para empresas?, ¿es normal respaldar a los bancos a las duras, pero no obtener ningún beneficio a las maduras? ¿Dónde está la repartición de las plusvalías en la comunidad como reza el artículo 47 de nuestra constitución?.
Los sindicatos por su parte, no han protestado por las carencias de la ley. Protestan porque se pierden derechos, justamente de aquellos que son el grueso del poder sindical pero no el grueso de los afectados por la crisis. El problema no lo tiene el funcionario ni el que lleva 20 años en una empresa frente a un eventual despido, el problema lo tiene el parado, el jubilado que ve como peligra su pensión, el joven en contrato de prácticas, el inmigrante trabajando sin contrato. Para aumentar su miopía, los sindicatos actúan de forma local y no global: ¿Dónde están las huelgas a nivel Europeo?. Pero claro, eso sería si los sindicatos defendiesen a los trabajadores y no a los sindicalistas. Estos sindicatos son como los padres de antes: el trabajador es un hijo gilipollas al que hay que darle un par de hostias para que obedezca al “porque lo digo yo” del papá sindicato y los días de huelga son un ejemplo. Si los sindicatos quisiesen velar por los trabajadores estarían apoyando medidas de igualdad ante el trabajo. Actualmente hay una casta de trabajadores con antigüedad, con convenios colectivos blindados y ultra protegidos sindicalmente y una legión de parias del empleo, de personas expulsadas del mercado laboral. Estos sindicatos son los que se han metido la lengua en el culo cuando han aprobado los contratos temporales y han afrontado con proteccionismo el problema de la inmigración, sin darse cuenta que el principal efecto llamada a la mano de obra sin cualificar son los contratos temporales. Un patrón puede emplear a 100 ecuatorianos por un año, beneficiarse de esa mano de obra barata y cargar al país con el coste social tras su despido. Un empresario que prejubilaba en los años de oro, era un bendito para los sindicatos, plagados de sindicalistas de mediana edad que veían la bicoca de irse a disfrutar de los viajes del Inmerso mientras sus hijos ocupaban su puesto de trabajo en unas condiciones laborales mucho peores que las que él tenía. Esos son los mismos sindicatos que defienden a capa y espada el pacto de Toledo de las pensiones, a sabiendas que es un modelo insostenible para las generaciones actualmente activas, pero eso no les importa mientras sea sostenible para su grueso de sindicados. Y algo de esto deben pensar muchos trabajadores y no sólo yo, porque recordemos que en España estamos en mínimos de sindicación en Europa.
La solución no la tengo, pero no hará mucho daño fijarse simplemente en países de nuestro entorno dónde con un mayor gasto social y una mayor igualdad en el marco laboral tiene tasas de desempleo en torno al 5%.
viernes, octubre 01, 2010
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