Efectivamente, Homo sum, humani nihil a me alienum puto porque no podemos quedarnos al margen de las acciones humanas aunque estas nos sean lejanas en el tiempo o en el espacio físico o mental. Ninguno de los siete pecados capitales nos es ajeno puesto que cada uno de ellos es parte de nuestra propia humanidad. Lo que no tengo tan claro es si cuando miro las atrocidades que se cometen cada dia y respondo "no lo entiendo" estoy cometiendo un pecado de pereza o de soberbia. De pereza por no buscar en mi interior la fuente a dichas atrocidades para combatirla o de soberbia al pensar que yo nunca las cometeria. Así, podemos creer que quien comete estos actos no es humano en stricto sensu y convertirlo en algo anómalo a la propia humanidad. Ya desde el origen de la humanidad inventamos demonios con ese fin y después, por contraposición buscamos la bondad absoluta e inventamos los Dioses.
Pero esta alienación del mal ajeno pero humano y por tanto propio, también se dá entre los no creyentes. Basta pensar que quien comete tales atrocidades no es humano sino un enfermo. Un humano, pero menos. En esta categoría encontramos catalogados individuos que asociamos con enfermedades mentales más periodísticas que médicas, más de mass media que de vademécum. Vamos, los posesos de toda la vida bautizados ahora como esquizofrénicos, psicópatas o cualquier otra protección de barrera de amplio espectro.
jueves, abril 08, 2010
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